Durante años llevé las horas del equipo en una libreta y, si hacía buen día, en un Excel que actualizaba el domingo por la noche. El problema no era apuntarlas: era que no sabía qué me costaba el equipo hasta que llegaba la nómina. Y para entonces el mes ya estaba cerrado y las decisiones —un refuerzo de más, una hora extra que se escapó— ya eran agua pasada.
El control horario de Biga nace de esa frustración. No es un reloj en la pared ni una app aparte: es el mismo TPV que ya usas cada día.
Fichar con el PIN, y ya está
Cada persona del equipo tiene su PIN. Para fichar entrada o salida, lo teclea en el TPV y listo. No hace falta ningún dispositivo nuevo, ni tarjetas, ni una web aparte. Biga lleva el registro de horas solo.
Algo que decidimos pronto y que nos ha ahorrado quebraderos de cabeza: fichar no bloquea nada. Si un camarero entra con prisas y aún no ha fichado, puede abrir mesas y cobrar igualmente. Fichar es un registro de presencia, no una barrera —porque el servicio nunca debe pararse porque alguien haya olvidado marcar la entrada.
Lo que cambia de verdad: el coste, en directo
Aquí es donde deja de ser una libreta. Las horas fichadas se convierten en coste laboral a medida que pasan. Abres el back-office y ves qué te está costando el equipo esta semana y este mes, sin esperar al cierre. Y puedes moverte por fechas —semana a semana o mes a mes— para ver cómo evoluciona, no solo el periodo actual.
Con eso, decisiones que antes tomábamos a ciegas pasan a tener un número delante: si vale la pena abrir el martes, si aquel refuerzo del viernes sale a cuenta, si el coste de personal sobre las ventas se nos está disparando.
De las horas a la nómina
Biga registra las nóminas y exporta el coste laboral al gestor con un clic (CSV). Todo cuadrado para el cierre, sin pasar datos a mano.
Seré honesto con el alcance, que es como me gusta: Biga no calcula el IRPF, la Seguridad Social ni las retenciones —eso es trabajo de tu gestor, y debe seguir siéndolo. Lo que hace Biga es darle las horas y el coste limpios y ordenados, para que él haga su parte sin perseguirte fotos de cuadrantes.
Por qué lo contamos
Porque el coste de personal es, después del género, la partida más grande de un restaurante —y la que más a menudo se lleva “de cabeza”. Tenerlo a la vista cada día, y no una vez al mes cuando ya no hay margen de maniobra, es de las cosas que más nos han cambiado la manera de gestionar.
Lo puedes ver con detalle en la página de Trabajadores y nóminas, y lo que viene después está siempre en la hoja de ruta.